"I stray away from the shore, losing myself among the waves as one loses oneself in a dream." Jacques Cousteau

MEMORIAS DE UN AVENTURERO | MEMOIRS OF A ADVENTURER

Yo creo que esta ha sido una de las mejores aventuras que he tenido en mi vida  y lo digo porque en ella conocí a un gran amigo, me reinvente, me reencontré conmigo mismo;  en esta historia conocí al Pablo arriesgado, fresco,  al aventurero que llevo dentro Esta historia se desenvuelve en uno de los escenarios más hermosos que puedan existir en el Universo.

Era el año 2005, tenía 24 años y me encontraba regresando al mundo laboral ; después de haber tomado un año sabático en San Cristóbal de las Casas, en el que fui una especie de hippie, y digo hippie porque pasaban hasta 3 días en los que no me bañaba (jajajaja), usaba ropa de manta, cultivaba mis alimentos, participaba en la recaudación de donaciones para escuelas rurales, ayudaba al reciclado de basura, pertenecía casi casi a la crema y nata del “peace & love” de San Cris y obviamente asistía a todas las fiestas  que eran súper bohemias, música en vivo junto a una chimenea y que se alargaban hasta el amanecer, pero creo que lo más lindo fue que hice amigos de todas partes. En esa época no habían presiones para mi, las horas y los minutos no existían, me regia por el cantar del gallo y el atardecer, descubrí  la yoga, el buen comer  y muchos rinconcitos de esa ciudad que no me imaginaba que existieran.

Retomando la historia, era mi día de descanso, era domingo y me dirigí a la terminal de autobuses de Tuxtla Gutiérrez, pensaba cargar pilas en mi oasis chiapaneco San Crisboznia.; mientras esperaba el autobús que me llevaría a mi destino, observaba a un gringo fumando  cigarrillos Pall Mall y sujetando una botella de JUMEX sabor a mango, que caminaba de un lado a otro sin parar. Para mi sorpresa tomo el mismo autobús que yo. Al llegar a la ciudad nos saludamos y caminamos juntos en dirección al zócalo, los dos teníamos hambre y fuimos a comer. Ya en el restaurante comenzamos a charlar, me conto que era de Seattle, que estudiaba biología y que es un gran amante de la naturaleza, que en sus días libres se va con sus amigos a explorar los bosques y las montañas del Parque Olimpia en el estado de Washington;  y que se encontraba haciendo una investigación de los lugares naturales de Chiapas. Lo que me causo mucha gracia y a la vez me saco de onda, fue que a la mitad de la conversación me pidió que le enseñara mi pasaporte o una identificación, me imagino que desconfió de mi por un momento, pero era razonable por la forma en que nos conocimos (Creo o a lo mejor había escuchado alguna historia macabra), y le explique en son de broma que no era ningún asaltante de turistas o algún tipo de bandido por lo cual los dos comenzamos a reírnos  y desde ese tarde para Jason soy “Pablo el Bandido” (risas).

Después la plática tomo un rumbo diferente,  Jason me pregunto si conocía la Laguna Miramar*, y le dije que de niño mi madre me había regalado un libro que hablaba de ese lugar y que lo único que recordaba es que es un sitio especial  y que se encontraba en el corazón de la selva Lacandona, a lo cual él me lanzo la siguiente pregunta: ¿Quieres acompañarme? Y  le dije que sí, no lo dude ni por un momento, la razón era muy sencilla nadie me había invitado a ir a la selva, era mi gran oportunidad para conocer ese lado de Chiapas, que para ese entonces era totalmente desconocido para mí, me emocionaba la idea de tener una gran aventura . Antes de despedirnos hicimos algunos arreglos e intercambiamos datos y quedamos en reunirnos en 4 días.

Día 1 / El reencuentro :

17:00 hrs. Estábamos  en  San Cris, llovía y había mucho frio, nos sentamos un momento a platicar y Jason aprovecho para darme un curso acelerado de supervivencia, por lo que hicimos una lista de víveres la cual incluía: Salchichas, agua, sopas instantáneas, bananas, tostadas, tortillas, manzanas, peras, galletas, frijoles y atún enlatados.  Como no llevábamos mochilas grandes, compramos una morraleta en la cual iban todas nuestras provisiones. Ya eran las 11 de la noche y tomamos el autobús que nos llevaría a Ocosingo.

Día 2 / San Quintín:

Llegamos muy temprano, como a eso de las 5:30 a.m. y nos dirigimos directamente a la parada de camiones que van a San Quintín, ahí nos informaron que la corrida salía a las 11 de la mañana y que como había estado lloviendo mucho posiblemente se cancelaria, así que esperamos 5 hrs para poder abordar. Cuál fue mi mayor sorpresa, que el vehículo en el que viajaría era una camioneta tipo redila 4 x 4, de esas en donde transportan al ganado, los asientos eras 2 tablas que se extendían a lo largo de la góndola, no estaba techada y viajarían como 15 personas más, además de guajolotes, gallinas, leña, más el anafre y todo lo que se puedan imaginar. Pensé que el viaje seria una tortura, pero mi forma de pensar cambio conforme fueron pasando las horas, pues el panorama era increíble, atravesamos, montañas, ríos, cascadas, pueblitos extremadamente rurales e incluso pude ver una comunidad zapatista que se podía identificar rápidamente por el colorido de sus murales. A la mitad del camino el chofer decidió hacer una parada de 15 minutos para que los viajantes pudiéramos tomar un refrigerio y también aprovechamos para  tomarnos fotos con nuestros compañeros de viaje.

Como a eso de las 18:00 hrs. Llegamos a la parada oficial de San Quintín que se encuentra a un lado de la zona militar, y nos informaron que teníamos que ir a la municipalidad a registrarnos y que ahí nos darían toda la información relacionada con la laguna. Es muy gracioso porque todo el pueblo se entera de tu llegada, el encardado toca la campana de la pequeña iglesia de madera que hay en el lugar, para que se acerque el delegado de turismo, el guía en turno, el recepcionista en turno, el cajero en turno y todos los niños de la comunidad a darte la bienvenida. La verdad tanta era la emoción de estar pisando la Selva Lacandona que el cansancio de las 8 horas de trayecto se esfumaron por completo. Rentamos una cabaña doble la cual tenía un precio de $100.00MXN (son cómodas y limpias), también contratamos un guía que nos llevaría a la Laguna la mañana siguiente por $80.00MXN, rentamos 2 hamacas con un precio de $50.00MXN cada una.

Fuimos rápidamente a dejar las mochilas a la cabaña, aun recuerdo que fue la número dos, y salimos a explorar los alrededores, se respiraba una tranquilidad inmensa, fuimos a la orilla del rio y meditamos por unos 15 min. En eso se soltó un aguacero tamaño diluvio, y camino a la habitación resbale de forma increíble, ese fue mi primer OSO durante el viaje. Esa noche cenamos tacos de atún con frijoles La Costeña.

Día 2 / El descubrimiento:

El guía llego muy puntual a la cita, y comenzamos el camino de 3 horas a la selva, me quede un poco decepcionado pues la mayor parte del trayecto estaba deforestado y  aparte esos terrenos son destinados a la cría de ganado, Jason me comento que “Las vacas son los enemigas de la selva en muchas partes de Latinoamérica”; los grandes árboles aparecieron 30 minutos antes de llegar a la laguna, pude ver un escorpión y nuevamente tuve una segunda caída. Por fin llegamos al paraíso puedo recordar el momento que vi la laguna, creo que pude sentir la misma sensación que  Cristóbal Colon sintió  al ver América por primera vez. El cielo estaba tan claro, el agua tibia, el aire fresco, era otro mundo para mí. El guía nos vendió un tour por balsa con un costo de $80.00MXN. Durante el viaje pudimos observar monos araña, una gran variedad de aves, el agua era tan clara que podíamos observar a las tortugas nadando en el fondo de la laguna, la parte que más me impresiono fue cuando el guía se detuvo en el corazón del lago fue increíble; después nos llevo a un islote para que pudiéramos nadar y disfrutar el paisaje mientras él iba a pescar. Mientras disfrutábamos de las hermosas postales por un buen rato, cada vez estábamos más impresionados de estar entre tanta belleza, era el paraíso. Las orillas de las islas están formadas como, con una especie de piedras grandes de color blanco, me imagino que por eso da ese efecto de azul turquesa, el agua es cálida y hay partes poco profundas para poder nadar, es un lago muy seguro.

Después llegamos a una parte en la que la laguna es muy poco profunda y el agua cristalina, en eso me pare y me dieron ganas de zambullirme, cuando el chico grito que no lo hiciera pues era zona pantanosa  y una vez que cayera ahí no iba a ver poder humano que me sacara (Esa es la parte no segura del lago jajajaja). En eso nos detuvimos en la rivera sur y nos dirigimos a una cueva en donde llegan los jaguares a dormir por la noche, la verdad nos dio mello seguir y ya no quisimos adentrarnos más, pues percibimos un fuerte olor a orina de gatito. Por cierto desayunamos durante el recorrido tacos de frijoles con atún.

Ya de regreso colocamos las hamacas en una especie de choza, la verdad me puse nervioso pues nada más tenía una pared y me aterraba la idea de ser devorado por un jaguar o puma. El guía se ofreció en recogernos la mañana siguiente pero Jason decidió que lo haríamos por cuenta propia.  Ya como a eso de las 4 de la tarde Jason se empezó a sentir mal, le dio temperatura y me comencé a asustar pues estábamos  solos los dos en medio de la nada, en eso recordé los remedios de abuelita y comencé a ponerle compresas de agua fresca en la frente, como era mi primera expedición pues no iba preparado, no llevaba medicamentos y esas cosas, mi mochila estaba llena de cosas inservibles, en pocas palabras no tenía nada que me ayudara a resolver la emergencia. Ya la noche se aproximaba y Jason no mejoraba. Llego el momento en que la oscuridad se apodero del lugar, no podía ver absolutamente nada, cada hora aproximadamente le preguntaba a Jason si se encontraba bien, eso era para asegurarme de que aun se encontrara con vida. Creo que esa ha sido la noche más larga de mi vida, la jungla cobro vida, había miles de ruidos extraños, cantos de aves, sapos,  insectos, se escuchaban muchas cosas; era como una especie de agitación que digo agitación, era como una especia de lujuria selvática, como si todos los habitantes de la jungla se dispusieran a salir de fiesta.

En eso cayo una tormenta, lo único que se podía observar era el reflejo de los relámpagos, y yo muerto de miedo, pues algunos animales se llegaban a refugiar de la lluvia a la choza, pensé que no lograría sobrevivir, para “protegerme” de alguna picadura o mordedura de alguna serpiente me cubrí completamente con mi sleeping bag, no recuerdo el momento en el que me quede dormido.

Día 3 / La prueba:

Con el amanecer llego la calma, el panorama era completamente distinto, la selva me regalo una hermosa postal en tonos azules, Jason ya estaba caminando había logrado sobrevivir. El agua se nos había acabado así que me mi cuate el gringo, lleno las ánforas  con agua del lago y diluyo una especie de yogo o microdin para purificar el agua (eso era nuevo para mí). Ya como a las 7:45 de la mañana emprendimos el viaje de regreso a la comunidad, creo que ese ha sido la mayor prueba de auto resistencia para mi, imagínense cansado, desvelado,  con hambre, el camino lodoso y resbaloso y mil mosquitos picándote por doquier ¡Todo un desafío! Como a los 15 minutos ya estaba súper cansado y bebía mucha agua, aparte como los tenis estaban mojados hice la caminata con sandalias y era complicadísimo caminar así, en algún momento pensé que habíamos tomado una ruta distinta pues se me hacia eterno. Cuando legamos a la mitad del recorrido el agua se nos había terminado, el calor y la humedad ya causaban estragos en mi cuerpo, tomamos un descanso de 5 min. Los cuales aproveche para acostarme en la hierba humeda, en eso mire el cielo y muy en mi interior me preguntaba ¿Qué hiciste Pabloooooooooo? Ya después de haber recargado baterías caminamos con paso acelerado y sin hacer una sola escala pues teníamos que estar antes de las 11 de la mañana en San Quintín, si no perderíamos el transporte de regreso a la civilización. Por fin llegamos al poblado y corrí a la tiendita, me tome en menos de 10 minutos un litro de pepsi y un litro de jugo de manzana helados créanme que fue la gloria.

Ya estábamos en la terminal cansados  y rogando de que ese día la camioneta saliera, mientras esperábamos, nos recostamos en la pista, los dos apestábamos a rayos, yo lo que quería en ese momento era un baño de agua tibia, de repente sentí un bajón, la cabeza me daba vueltas, sentía que el corazón se me iba a salir y con lo poco de fuerzas que tenia corrí detrás de unos matorrales para devolver en la tierra el hígado, los riñones, los pulmones, etc., sentía que hasta el alma jajajaja (esta operación se repitió en un par de ocasiones más). A lo lejos y asomados en una ventana, unos niños se burlaban de mi sufrimiento jajajajaja.

Era momento de abordar la unidad y retornar, el trayecto a Ocosingo fue cansado y caluroso pues durante el trayecto comenzó a llover, entonces el chofer  cubrió el techo de la camioneta con una lona, yo trate de relajarme y escuchar música durante todo el viaje, a pesar del mal tiempo llegamos a buena hora, pues pudimos conectar ese mismo día a San Cristóbal. Esa noche pernoctamos en uno de mis hostales favoritos en San Cris el backpackers que se encuentra sobre la calle real de mexicanos, pues Jason ya había dejado su alojamiento. Esa noche cenamos las sopas instantáneas que nos quedaban y por fin descansamos.

Día 4 / El adiós:

Esa mañana platicamos mientras desayunábamos, y nos prometimos  tener más aventuras en el futuro, nos tomamos fotos, nos reímos de los imprevistos y más tarde cada quien siguió su camino, yo me dirigí a la capital chiapaneca y el hacia Palenque para seguir con más aventuras (Todo lo bueno tiene que llegar a su fin). La verdad fue increíble, como ya lo había mencionado anteriormente descubrí que no soy tan inútil como me imaginaba, pues pude sobrevivir y salí ileso de todas las pruebas que me puso la madre naturaleza jajajaja, eso sí termine con los pies hinchados y lastimados. Pero lo más importante que gane a un gran AMIGO.

La promesa se hizo realidad pues en los siguientes años vinieron más aventuras por Veracruz, Puebla, Oaxaca, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Belice.  Es increíble ver como la vida da tantas vueltas, sin pensarlo meses más tarde estaría mudándome a Monterrey para seguir preparándome laboralmente. Lo que me da gusto es que mi amigo también está cumpliendo sus sueños, ahora se abre camino en el mundo de la biología y ayuda a la conservación de las selvas en Latinoamérica, hoy trabaja en un proyecto sumamente importante, en la creación de un parque nacional en el Perú. Ojala y en un futuro pueda hacer lo mismo por la selva Lacandona.

* Para que sepan un poco  la Laguna Miramar se encuentra en los límites de la reserva Montes Azules. Es un sitio único y hermoso, el lago tiene una extensión de 16 kilómetros cuadrados, cuenta también con pequeñas islas que en su interior albergan algunas “mini” zonas arqueológicas. El clima es cálido.

Para más información puedes visitar http://www.lagunamiramar.com/

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